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Pierre Oriol: La Clave

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Capítulo 1: La clave: En arquitectura,  La  clave  es la dovela central de un  arco , o una bóveda. Suele ser de mayores dimensiones que las demás dovelas, y a menudo está decorada, pero no por razones funcionales sino estéticas.Tiene como función transmitir las cargas por comprensión a través de las juntas de apoyo.    La espera del semáforo es como ese minuto del microondas que no pasa nunca. Pierre  Oriol, movía la puntera de su zapato al son de una melodía muy ajena a la que producía la urbe en la que había aterrizado. No se daba cuenta ,a pesar de su cuerpo de escándalo y esa sofisticación enfundada con una naturalidad innata, que hacía soñar a todas las mujeres. Tras él la catedral de piedra endurecía aún más sus facciones varoniles.  Sin embargo no veía nada porque sus pensamientos estaban muy lejos de aquel cruce de calles, tanto, que al dejarse llevar por la marea humana que comenzó a avanzar , no vio que iba a chocar contra alguien. Sus ...

Recrearse o morir

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  Me perdí en cada curva y recodo de tu cuerpo  y aún así, no te pareció suficiente. Me mataron las prisas. Lo entiendo ahora que miro hacia atrás y solo noto vacío donde antes estaba todo. Como si me hubieran robado la estrella de una galaxia. Ya nada gira , solo mi cabeza , recordando el tiempo que robamos para poder ser. Recuerdo ahora el humo del cigarro nublando las facciones de tu rostro como si fueras un esfumato salido del brillante pincel de Miguel Ángel. El tono de tus pupilas que se enverdecen con la llegada del estío. Ese bronceado robado de alguna latitud más septentrional. Y la camisa blanca con botones desabrochados que son todo un fetiche, que invitan a seguir descubriendo piel. Sobre el mantel ,recuerdo que había cosas.  Unos entrantes y unos espirituosos. La conversación fue más bien escasa ,al igual que el picoteo. Sé el momento exacto en el que decidiste que lo que de verdad te interesaba era el postre. Cuando al hablar me mirabas en exceso los labios....

Quererse y que te quieran

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"Bésame hasta que mis labios tengan tu nombre" Dibuja constelaciones con los lunares de tu espalda mientras tú veías en sus ojos arder un fuego que no habías conocido antes. Habías oído hablar de él, cantar sobre él, leído algo parecido, pero era ahora, al verte reflejado en la profundidad de sus pupilas cuando comprendías la inmensidad de la palabra. Lo que ella te hacía sentir. En su presencia o en su ausencia. Cuando la paladeabas o en la remembranza. Al olerla, al imaginarla. Si la tenías a la vera o solo la podías soñar. Cuando su ausencia era un desierto y su presencia oasis. Tú que te creías un ser completo hasta que perdiste hasta  tu sombra. La necesidad que te nace y el hambre insaciable que no es de comida. Que se llena con su sonrisa, con esa caricia que se le escapa y le nace. Le brota porque es natural.  Ella es el todo . Es origen. Y tú andabas buscando algo que no sabías  hasta que lo tuviste delante. Encima. Rodeándote. Envolviéndote. Has tenido que llega...

El chico del Graffiti

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-Sé que es el amor de mi vida. -El de ahora, mejor. Que vida te queda mucha por delante. Hace días que necesitaba que mis dedos se pasearan por el teclado. La línea de flotación de sentimientos se desborda y necesitaba ese trasvase para poder seguir. Y hoy mientras estaba en mi pedrero vi una imagen. Dos chicas sentadas en una escalera. Seguí con mi bronceado norteño, ése que consiste en el ritual; me quito la ropa, me pongo la crema y luego prosigues con una danza constante entre descubrir piel, ponerte una toalla a modo de pareo ,sale más nordeste, tiras de vaquera. Se abre un claro, te lo quitas todo...para volver a ese incesante baile de cubrir y descubrirte. Pues en una de ésas, mi ojo además de mirar hacia los que pillaban olas, notó un movimiento en ese rellano de escalera. Parapetadas bajo el muro del Mayán de tierra las amigas se convirtieron en otra cosa. Y sentí que la sombra de esa pared no solo las daba sombra, sino cobijo. Besos de verano , a lo mejor del primer verano ad...

Quiero correr esas calles.

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"Quédate con quien te besa el alma, la piel te la puede besar cualquiera" Tenía tatuada la piel y en el alma , llevaba otros iconos que no se irían aunque se le acabara esta vida. Sobre la mesa, una torre de papel.  La torre de papel en blanco donde irían, impresas en sangre aquellas palabras que no  le grité a tiempo. A ella.  Vivo en este mundo, el de los miedos. Donde nace la prisa y mueren los "te quieros". Aquellos, que ya no diré. Los que se saltaron estaciones, diales, coordenadas...por el temor a escuchar de tus labios, la verdad que ya sabía antes. Déjame ser, hubiera podido decirte. Te hubiera asustado menos. Permíteme ser y te regalaré mil canciones, que llevarán tu nombre. Que lo hubieran llevado, como lo llevan ahora. No iba a suplicarte y sin embargo, aquí estoy viendo atardeceres que me debes. Que si pudiera, me los cobraría. Lo que daría por ver el ocaso reflejado en tus ojos, dorándote la piel. Entre mis brazos que hoy sé que tú creíste cárcel y yo ...

Lágrimas negras

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  Caminos, sendas y estelas.       La quietud de ella la semejaba a una de esas estatuas de bronce de Degas. También la luz daba a su piel un tono demasiado cobrizo para pertenecer por derecho a aquel paisaje, a aquella plaza abarrotada de gente en plena canícula torontoniana.    Fue lo primero que vio y lo atesoraría para siempre en su retina de artista. La curva contracurva de su pómulo, la mirada perdida en la fuente que a modo de espejo reflejaba la fachada del antiguo ayuntamiento. Ladrillo, piedra, gárgolas fantasmagóricas herederas de un pasado pretérito. Y allí en aquel cuadro bucólico, mirando a una pequeña gaviota blanca, que a modo de Jesucristo caminaba sobre las aguas, la encontró a ella.    Su tiempo se detuvo. Su corazón dudó un instante entre sístole y diástole. Dejó de escuchar la algarabía reinante y su cristalino se ajustó a la perfección en un contrapicado enmarcándola solo a ella.    Era pequeña. No, más bi...

En un recoveco del alma

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              "Como cuerpos ,todos somos solteros; como almas, nadie lo es" Hermann Hesse Miraba sin ver nada más que no fuera su sombra alargada.  La soledad de sus pasos que dejaban huellas sobre la arena húmeda que luego borraba el mar. El arrullo de las olas que morían a sus pies. El sol calentando su piel morena. La brisa desordenando un cabello que jamás lució peinado. Caminaba a buen ritmo , moviendo sus brazos como si fueran el diapasón que marcase una melodía. De ser ,sería , una lenta. Una milonga. Quizás aquel bolero maldito que hacía llorar a su abuela. Los relojes de arena.  Las pérdidas. La vida. Dejó que la brisa le golpease en el rostro y  miró las dunas de arena. Se sentó sobre ellas. Mirando hacia un horizonte que  ella sabía que no  era  más que un mero espejismo. Nunca llegabas hasta aquella línea por mucho que navegases, por mucho que te empecinases en tocar el cielo. Jamás. Como si fueras el naufrago ...